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Que la sociedad presiona a la mujer para adelgazarse, es conocimiento de todos, por eso, a continuación voy a citar qué medidas se utilizan o como se difunden esas presiones:
Modelos encarnadas en personas valoradas (o sobrevaloradas) socialmente: modelos, actrices o aristócratas. -Seguimiento de la moda, decidida por unos pocos y presentada a través de maniquíes/modelos de dimensiones corporales reducidas y a través de estéticas fotográficas cada vez más adictas a la estética de la delgadez.
Progresiva exhibición del cuerpo, no sólo por unos vestidos cada vez con más transparencias y sinceros, sino también por la influencia de baños, playas, prácticas deportivas e “informalidad” en el vestir.
-Presión de la potentísima industria organizada alrededor del fenómeno del adelgazar. Los productos light rivalizan con los directamente destinados a perder peso en la lucha por controlar un mercado cada vez más apetitoso y ampliable.
-Los medios de comunicación social, universalizados, altamente penetrantes y basados en la imagen. Permiten trasladar a los ciudadanos el mensaje adelgazante. La todopoderosa publicidad ocupa un lugar destacado, pero artículos, reportajes y comentarios dedicados a los mil y un procedimientos para reducir las carnes no cesan de proliferar.
-Las dietas y procedimientos adelgazantes que, junto con la subliminación de la delgadez, se transmiten oralmente, de persona a persona, de grupo en grupo, y se cultivan y viven morbosa y obsesivamente en muchas colectividades: compañeras de clase, de trabajo, grupo de amigas, etc.
-Incorporación de la mujer a la vida social y laboral, compitiendo con los hombres en condiciones de inferioridad en la línea de salida, e imitando muchos de los valores y actitudes de éstos, incluyendo quizás determinadas condiciones corporales, y autoexigiéndose al máximo cumplimiento de los valores estéticos vigentes.
-Devaluación relativa de las funciones biológicas naturales específicas de la mujer, concretamente la procreación y crianza, lo que seguramente conlleva la no valoración de las formas corporales a ellas asociadas.
-Difusión del “estar en forma” como locución que entraña múltiples contenidos: agilidad, delgadez, juventud, etc. con frecuencia se asocia la práctica de ejercicio físico más o menos compulsivo y las dietas restrictivas.
-Satanización de la obesidad y del sobrepeso en general. Las razones médico-sanitarias se han ido confundiendo progresivamente con el rechazo social del sobrepeso por razones estéticas, otorgando a éstas una especie de coartada. Entre tanto, brilla por su ausencia la valoración negativa del infrapeso.
Todos estos factores se influyen y potencian mutuamente. Todos ellos están actuando permanentemente. La niña llega a su pubertad habiéndolos conocido, experimentando e interiorizado. Lo lógico es que los asuma y obre en consecuencia.

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